Mar del Plata, Iquique y Londres son los tres vértices del triángulo virtuoso de esta historia. Iquique, capital de la región chilena de Tarapacá, es una palabra aimara que significa “el lugar de los sueños”. Y allí, en el invierno austral de 2009, le cambió la vida a Damián Emiliano Martínez. Un joven arquero marplatense que se desplazó hasta Chile para defender la portería albiceleste en el Sudamericano Sub-17, donde Argentina cayó en la final ante Brasil en la tanda de penaltis en Iquique. Pese a la desilusión, un ojeador tomó la matrícula a aquel guardameta larguirucho, que por entonces aún no alcanzaba los 193 centímetros que mide hoy.

Mientras ‘Dibu’, como le apodó Pepe Santoro en las inferiores de Independiente, volaba de regreso de Chile, el teléfono sonó en las oficinas de Avellaneda. El Arsenal londinense quería ficharle por lo que hizo una jugosa oferta por un portero que ni tan siquiera había debutado en Primera. Emiliano fue convocado a una reunión por la directiva del ‘Rojo’. “Además de jugador, yo era seguidor de Independiente y por entonces mi única ambición era llegar a ser portero del primer equipo. Pensé que me llamaban para renovar, así que iba a ganar un poquito más de plata y mi sueño se acercaba. Cuando me dijeron que me querían vender al Arsenal, me quedé en shock. Lo último que podía pensar es que me iban a mandar a Europa. Era demasiado joven hasta para haberme planteado aquello”, confiesa al otro lado del teléfono Emiliano tras proclamarse campeón de la Community.

Verano de 2009
El acuerdo se cerró después de que los ‘gunners’ depositasen medio millón de euros por el 65% del pase del jugador. Emiliano salió muy joven de Mar del Plata camino de Avellaneda. Su sueño de ser futbolista le obligó a separarse muy temprano de su familia. Precisamente aquel verano del 2009 su familia, que era humilde pero no pobre, atravesaba por un momento financiero complicado y la oferta del Arsenal le permitió echar una mano económicamente a los suyos. “Los trenes pasan una vez y hay que subirse. Así que me fui a Londres con 16 años sin hablar ni una palabra de inglés. Es emocionante mirar hacia atrás y ver que fue un camino largo, no solo por estos diez años que llevó luchando por ganarme el puesto en el Arsenal y las cesiones a diferentes equipos. Sobre todo, al mirar atrás y recordar que empecé a jugar a los 5 años a jugar con el sueño siempre de ser futbolista profesional y ganar títulos internacionales. La mía es la historia de alguien que persigue un sueño”.

Comenzó a encadenar cesiones de variado pedigrí: Oxford United, Sheffield Wednesday, Rotherham United, Wolverhampton, Getafe, Reading… Por medio surgió un viaje atropellado a Lagos, Nigeria, adonde voló en 2011 de emergencia para suplir la lesión de Ustari en el Mundial Sub-20. Allí le esperaban en el aeropuerto unos directivos de la AFA que ni le conocían con un ridículo cartel con su nombre. De esta década como futbolista nómada recuerda como trago más amargo “el año que me lesioné en el Wolverhampton, porque nunca me había lesionado antes. Fue algo nuevo y diferente para mí. Estuve 3 o 4 meses desconectado del fútbol y me costó asimilarlo. Pero soy positivo e intento aprender de todas las situaciones. De aquello aprendí a cuidarme mejor y eso me ha ayudado a no lesionarme más”.